Cuando todo falla: curso completo de radioafición en España

11 · Medir, protegerse y convivir6 min read

Ampliación — Historias de supervivencia

La teoría te dio el manual de convivencia y supervivencia; esta ampliación, sus historias: el rayo que fundó la ciencia de las tormentas, la guerra doméstica del PLC, por qué los astronautas también ponen ferritas, y el género literario más antiguo de los boletines de radioclub: el desastre contado por su superviviente.

Franklin tuvo una suerte inmerecida (y su experimento mató al siguiente)

La cometa de Benjamin Franklin (1752) es el experimento más famoso de la historia eléctrica y uno de los más temerarios: demostró que las nubes de tormenta están cargadas... acercando una llave húmeda a su mano bajo un cielo eléctrico. Le salió bien de milagro. Al año siguiente, el físico Georg Wilhelm Richmann intentó en San Petersburgo una medición similar con un aparato conectado a un mástil: un rayo (probablemente una descarga lateral) lo mató en el acto, convirtiéndolo en el primer mártir documentado de la investigación atmosférica. La lección de tres siglos, sin cambios: con el cielo cargado no se está conectado a nada alto. El protocolo de Vicente —desconectar y alejar— es la versión doméstica del respeto que Richmann no llegó a contar.

De Franklin sí quedó el invento bueno: el pararrayos, cuya física es la del descargador de gas de tu bajada de antena: ofrecerle al impulso un camino a tierra mejor que todos los demás. Los edificios lo llevan por norma desde hace generaciones. Tu estación es tu edificio en miniatura.

La guerra del PLC: cuando Internet vino por el enchufe

A principios de los 2000, la industria tuvo una idea con dos caras: llevar Internet por la red eléctrica (PLC, Power Line Communications). Cara A: sin obras, módem al enchufe. Cara B: la red eléctrica doméstica, diseñada para 50 Hz, es una antena kilométrica pésimamente apantallada, y el PLC inyecta en ella señales justo en el rango de la onda corta (2-30 MHz). Resultado: ruido de fondo brutal en HF en los hogares afectados y sus vecinos. Las sociedades de radioaficionados de medio mundo (URE incluida, y con especial contundencia la alemana DARC y la británica RSGB) libraron durante años una batalla técnico-legal de medidas, denuncias y normas de emisión. El episodio enseñó dos cosas al hobby: que el espectro no se defiende solo —los límites de emisión de cada cacharro doméstico existen porque alguien midió, documentó y peleó— y que el radioaficionado, con su receptor sensible, es el canario en la mina de la contaminación electromagnética: detecta años antes que nadie lo que la electrónica de consumo barata le está haciendo al aire común. Si algún día tu banda de 40 amanece rugiendo y descubres que es el PLC del vecino... hay procedimiento, hay precedentes y hay quien te acompañe: no estás solo ante el enchufe.

Las ferritas también vuelan al espacio

Consuelo para cuando estés poniendo anillos de ferrita en el cargador de un vecino: la NASA hace exactamente lo mismo. Los manuales de EMC aeroespacial son catálogos de ferritas, blindajes, filtros de paso y mallas: dentro de una nave conviven transmisores potentes, receptores ultrasensibles y ordenadores ruidosos en metros cuadrados, el caso Morientes elevado a la enésima potencia. Los fallos históricos de EMC espacial son legendarios en los libros de ingeniería (interferencias de relés que dispararon secuencias, telemetrías enloquecidas por conmutadoras): cada uno costó millones y afinó las normas. La disciplina entera —esa que el temario despacha como «interferencia e inmunidad»— tiene categoría de especialidad de ingeniería con congresos propios. Tu diagnóstico con Lucía gritando por el hueco de la escalera era, metodológicamente, un ensayo de compatibilidad electromagnética con protocolo de activación controlada. Que se lo digan así a Morientes.

El género literario del desastre agradecido

Los boletines de radioclub llevan un siglo cultivando un género propio: el relato de catástrofe doméstica en primera persona, escrito para que otros no repitan. Clásicos universales del género, todos reales y repetidos en todos los países:

  • El PL-259 flojo: meses de ROE errática, tres tardes de diagnóstico, culpable: un conector mal soldado por el propio autor, que firma la confesión. Moraleja: la mitad de las averías están en los conectores, y siempre en el que soldaste con prisa.
  • La tormenta lejana: «el rayo cayó a un kilómetro; mi frontal de recepción murió igual». Moraleja: la inducción no respeta distancias de andar por casa; se desconecta siempre.
  • El kilovatio y el detector de humos: cada vez que el autor transmitía en 80 m, pitaba el detector del pasillo (RF colándose en su electrónica). Moraleja: en tu propia casa también hay «Morientes»; audítate antes de estrenar potencia.
  • La vertical y el aspersor: rendimiento de la antena misteriosamente variable... según el riego del jardín (el plano de tierra cambiaba de conductividad). Moraleja: la vertical rinde lo que rinde su tierra, edición hidráulica.

Leer estas confesiones —los foros españoles y las revistas de los clubes están llenos— es la forma más barata de experiencia. Y escribir la tuya cuando te toque (te tocará) es el peaje alegre del gremio: en este hobby, hasta los desastres se comparten con espíritu de servicio.

El diferencial: treinta miliamperios de civilización

La cifra del diferencial doméstico (30 mA) condensa un siglo de medicina y de ingeniería: por debajo del umbral de fibrilación con margen, por encima de los sustos triviales para no saltar con cada gota de humedad. Su historia es un caso ejemplar de tecnología salvavidas silenciosa: desde su generalización en las normas de instalación (en España, con los reglamentos electrotécnicos de los años setenta), las electrocuciones domésticas cayeron en picado, sin que casi nadie sepa qué es ese interruptor con botón de «test» del cuadro de casa. Pulsa ese botón de test un par de veces al año, por cierto: es el único electrodoméstico que te pide ejercicio. En la estación de radioaficionado, con sus fuentes potentes, sus tierras y sus manos dentro de cajas, ese guardián anónimo trabaja para ti más que ningún otro. La seguridad eléctrica moderna es esto: capas silenciosas (aislamiento, tierra, diferencial, magnetotérmico, fusible) que solo notas el día que una te salva.

Para seguir tirando del hilo

  • Wikipedia (CC BY-SA): «Georg Wilhelm Richmann», «Power-line communication» (sección de interferencias) y «Residual-current device» (el diferencial y su historia).
  • Las guías EMC de la RSGB (rsgb.org, sección EMC): los mejores diagramas de diagnóstico de interferencias domésticas publicados en abierto.
  • El Reglamento Electrotécnico para Baja Tensión español (REBT) es la biblia de la instalación doméstica; no hace falta leerlo entero, pero saber que existe y que tu estación vive bajo su paraguas es parte de la cultura del oficio.
  • Busca en los foros de la URE «ruido PLC» o «ruido LED»: hilos de detectives del espectro con final feliz, el género literario del gremio en su salsa.